Un atestado aeropuerto norteamericano, una bella y despistada mujer, un aparente encuentro accidental, una atracción (fatal) al instante y un breve cruce de palabras dan inicio a Encuentro Explosivo, un buen título el que adopta este estreno en Latinoamérica para esta dinámica historia que se mueve bastante bien entre la comedia y la acción. La película que oficialmente se estrenó en el día de ayer ha tenido una buena apertura acercándose a los 105 millones de dólares en recaudo mundial.
Su director es James Mangold alguien que suele salir bien librado en sus proyectos y de los que no se deja encasillar en un solo género, así lo demuestran sus variadas películas como la gran 3:10 a Yuma (Western), Identidad (Terror) o Walk to the Line (Drama).
La cinta reúne por segunda vez a Cameron Díaz y Tom Cruise quienes ya habían trabajado juntos como protagonistas en el remake estadounidense de la cinta española Abre los Ojos y que tomó como título Vanilla Sky. Ambos a diversos medios internacionales confesaron el placer por volver a trabajar juntos. Ambos se conocen y esa conexión se hace evidente en esta película que sin grandes pretensiones llega a refrescar la cartelera cargada de los concebidos remakes, adaptaciones o sagas.

Encuentro Explosivo sigue a Roy Miller (Tom Cruise) un agente secreto que debe proteger tanto al creador Simon Feck como a su invento, una tecnología energética verdaderamente potente que muchos codician y por la que muchos estan dispuestos a traicionar. En medio de esta misión, June Havens (Cameron Diaz) se cruza en el camino involucrándose sin siquiera darse cuenta. Sin mucho tiempo para conocerse, el uno deberá confiar en el otro para escapar de quienes quieren hacerles daño.
Aunque en apariencia puede uno percibir cierta inspiración en referentes de acción como James Bond, la trilogía Bourne, Señor y Señora Smith o incluso las peripecias por las que debía pasar Mr. T cada vez que emprendía una misión aérea en Los Magníficos (The A Team), no hay que desconocer la originalidad de esta propuesta, escrita por Patrick O’Neill, que no pretende encasillarse en ninguna de ellas sino más bien parodiarlas con sutileza.